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Cinco años de prisión para un ladero del barra “Dibu” Gómez por intentar extorsionar al Cirque du Soleil en Rosario

Un miembro de la barra leprosa admitió haber apretado a los productores del exitoso espectáculo en agosto de 2023. Es primo del cabecilla detenido en las últimas horas.

La detención y posterior condena de Milton Larrosa, un eslabón menor en la compleja red criminal que opera alrededor de la barrabrava de Newell’s, no es un hecho aislado, sino una ventana que permite observar la dinámica de poder, extorsión y violencia que atraviesa el fútbol argentino. Más allá de la pena de cinco años impuesta, el caso revela cómo las estructuras mafiosas, lideradas por figuras como el recientemente capturado Gerardo “Dibu” Gómez y con la sombra de Los Monos siempre presente, se expanden desde las tribunas hasta otros ámbitos de la vida pública y económica.

El intento de extorsión al Cirque du Soleil no es un capricho. Es la prueba de que estas bandas han diversificado sus fuentes de ingreso, dejando atrás la simple venta de entradas o estacionamientos ilegales. Al intimidar a un evento de proyección internacional, el mensaje es claro: controlan el territorio y, para operar en él, es necesario negociar con ellos. Esta extorsión, además de generar ganancias, afianza su poder y envía una señal de que su alcance va mucho más allá de las canchas.

La investigación de Larrosa, que lo vincula a la estructura liderada por “Dibu” Gómez, y la mención de otros nombres como “Guille” Cantero, Leandro “Pollo” Vinardi y Carlos “Toro” Escobar, traza una genealogía criminal que se retroalimenta y se reconfigura constantemente. La figura de “Dibu” Gómez, prófugo por dos años y ahora detenido, representa el ciclo de ascenso y caída de estos capos, que son reemplazados rápidamente por otros en una cadena de sucesión violenta.

Este caso, en el que un “mandadero” es condenado, subraya una triste realidad: aunque se capturen y enjuicien a los peones, la estructura principal sigue operando. La barrabrava, lejos de ser un simple grupo de animación, se ha convertido en un brazo más del crimen organizado, un nido de operaciones ilícitas que se camufla bajo la pasión deportiva. La condena de Larrosa es un paso en la dirección correcta, pero es apenas el comienzo. La verdadera victoria será desmantelar por completo la red que permite que estos grupos mafiosos se apoderen del deporte y, por extensión, de la vida de las personas.

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